¿Existe el tipo de interés libre de riesgo?

Si tienes dinero invertido con vistas al largo plazo, posiblemente ya sepas los beneficios de diversificar tu porfolio de inversiones. La mayoría de fondos de inversión ofrecen una manera práctica de diversificar automáticamente nuestros ahorros basada en nuestra preferencia de riesgo. Los más tolerantes a la volatilidad optarán por estilos más agresivos, alejándose de la renta fija y adentrándose en la variable. Sin embargo, los inversores más precavidos suelen buscar rentabilidad al menor riesgo posible: Sin riesgo alguno. ¿De verdad existe la posibilidad de ganar un tipo de interés asumiendo cero riesgo?

Recientemente me he dado cuenta de un gran problema que tienen los inversores individuales (e incluso algunas instituciones con niveles de patrimonio estratosféricos) al estar estudiando muy lejos de casa. En Estados Unidos, es muy común denominar “Risk free asset” o activo libre de riesgo a los bonos del tesoro estadounidense. Sin embargo, al instante es posible apreciar que es imposible que un producto financiero como el bono estadounidense sea asemejado al interés libre de riesgo. Sin duda era un pensamiento bastante lógico antes del año 2000, cuando las estructuras públicas sostenían unas cargas de deuda mucho más manejables que en la actualidad, pero hoy, basta con mirar un par de gráficos para asustarse. Pongamos como ejemplo la que ha sido hasta la fecha la economía más grande y sólida para invertir: Estados Unidos. A continuación se observa la deuda pública total estadounidense a lo largo de la historia:

Evidentemente, la fortaleza de Estados Unidos ante los pagos aumenta según aumente su Producto Interior Bruto, por lo que para comparar el riesgo adicional de impago de antaño contra el actual, observemos cuánta deuda tiene Estados Unidos en comparación a su PIB:

Para muchos economistas, el mundo se encuentra en una espiral de deuda masiva, en el que la economía financiera es excesivamente grande en comparación con la economía actual. Desde este blog pensamos lo mismo, y es fácil concluir que el inversor de hoy está asumiendo un riesgo mucho mayor que el de hace 20 años al invertir en uno de los activos más conservadores que ofrece el mercado. Esta conclusión terminaría aquí si a los inversores se les compensase con un mayor retorno de la inversión acorde al riesgo, pero… qué ha ocurrido con la rentabilidad del bono estadounidense estas últimas décadas?


Si, hay que ver para creer: En el pasado se pagaban rentabilidades dentro de los dobles dígitos. Aunque la inflación explica en su mayor parte la rentabilidad de estos instrumentos, estamos ante un hecho insólito: Todos estos productos ofrecen a día de hoy una rentabilidad real negativa. Algunos instrumentos, principalmente en Europa, incluso ofrecen tipos de interés negativos (como en el caso de la deuda alemana al más corto plazo). Es hora de parar a pensar un momento: olvidando el efecto de la inflación, los inversores tienen dos opciones: Pueden guardar 100 euros en su colchón y recibir 100 euros al final del periodo, o pueden invertir en un instrumento con rentabilidad negativa: Asumiendo un riesgo, por pequeño que sea, de perder hasta 100 euros por conseguir que le devuelvan 99 euros al final del periodo. Y cuando entra en juego la inflación, el inversor pierde aún más dinero en estos momentos.

¿Qué podemos concluir? ¿Dónde invertir nuestro dinero de la forma más segura posible? Desde mi punto de vista, invertir en renta fija supone contribuir como voluntario a reparar la maltrecha economía de los estados soberanos y su negligente gestión de deuda. Podemos concluir que existe un mayor riesgo para el inversor en renta fija. Existe un riesgo real que no debe pasar desapercibido como minúsculo ya que “Estados Unidos no va a quebrar”. Los números están ahí, y nos están diciendo lo contrario. No podemos con más deuda, y los mercados de deuda en negativo no son por “temores a deflación” sino por temores a la quiebra de la economía financiera mundial, demasiado apalancada con billones y billones de euros y de dólares que no se invierten en ayudar al mercader que quiere comprar un nuevo almacén, sino dinero que no sale de la economía ficticia de los bancos para abaratar el coste de financiación de los gobiernos más influyentes en la economía global: En efecto, son demasiado grandes para caer y la solución es parar los intereses al no haber podido parar el principal. Las consecuencias son las que expongo en este artículo: Invertir en renta fija hoy como persona individual es como tirar el dinero a la basura, comprando rentabilidad que no compensa el elevado nivel de riesgo.

El alumno y el profesor

En la entrada de hoy voy a hablar un poco del sistema educativo y de como aprendemos, ya que la educación es un nexo para aumentar el conocimiento, y el conocimiento es una puerta hacia la generación de valor: una puerta al empleo y a una mayor riqueza. La educación es algo muy importante tanto en lo académico como en lo personal. Además, hay jugadores clave: Nosotros mismos, nuestros padres, los profesores y distintos sistemas educativos. También están los factores en los que podemos influir, y los que no podemos cambiar: básicamente las decisiones que podemos tomar (o que pueden tomar por nosotros) y lo que es completamente impredecible. Centrándonos en lo académico, el primer paso es la educación que eligen nuestros padres por nosotros. Normalmente viene limitada por los ingresos de la familia, ya que buena parte de las familias suelen elegir la mejor educación posible para sus hijos, por lo menos así fue en mi caso y el caso de las personas que conozco. Durante esta etapa, también está en manos de los padres inculcar en el hijo un aprendizaje clave: El sentido de la responsabilidad, la necesidad de prestar atención, la justicia, la moral… Sólo así podremos beneficiarnos de los conocimientos que se imparten en el aula: Ya sea sumar en el cole o mecánica cuántica en la universidad. Quien sabe escuchar y prestar atención suele estar mejor preparado para cualquier desafío académico, así que los padres deben ser el profesor. Y es que aunque escuchar sea una elección del alumno, si en casa te ayudaron creando costumbre habrás experimentado esa mayor facilidad de concentración con respecto a otros compañeros.

Explicada la labor de los padres, hablemos ahora del alumno. Nuestra vida se verá completamente afectada por las decisiones que tomemos en el ámbito académico. Si queremos ser pintor, estudiaremos arte. Si lo que nos encanta es la mente, estudiaremos mentología (¡Es broma!)… Pero lo que queramos ser influenciará nuestro rumbo. Como alumno, es importante no descarrilar de nuestro rumbo, pero no es el fin del mundo si no llega la media: El ser humano es maravillosamente complicado, y por muy fan que uno sea de la medicina, habrá otra pasión de la que aprender y generar valor para nuestra sociedad. Las decisiones que sí podemos tomar son unas cuantas: Cuando ya tenemos capacidad de razonar, podremos discutir con nuestros padres a qué universidad queremos ir. Podemos decidir irnos a otro país, cuánto estudiar, a cuántas clases acudir, y qué actitud tomar hacia el aprendizaje. Pero una vez tomadas todas las decisiones, hay algo que influenciará siempre nuestro aprendizaje y que no podemos cambiar fácilmente: El profesor.

He estudiado Administración y Dirección de Empresas en tres países distintos: En España, en Inglaterra y en California. Los tres sistemas educativos son diferentes, y cada uno tiene sus ventajas y su aspecto único. Pero en cada uno de estos tres países ha habido algo que lo ha cambiado todo: El profesor. Si. En términos generales, hay diferentes niveles profesionales entre los tres países. Pero la diferencia no es lo suficientemente grande como para saber que, independientemente del sueldo, hay profesores y profesores. En los tres países me ha tocado un profesor muermo del que no aprendes nada más que lo que te aporta leer el texto de turno. En los tres países he tenido un profesor que me ha quitado el aire. Profesores que me han hecho reír y aprender a la vez. Tuve un profesor en Berkeley al que tuve que interrumpir con un aplauso que se extendió por toda la sala porque nos estaba enseñando la realidad, la práctica que hay tras la teoría. Tuve un profesor en la Universidad Complutense de Madrid que me enseño más cosas en un día que otras asignaturas en un año. Y tuve un profesor en Leeds que dejó a media clase llorando. Y tras esas lágrimas, esos estudiantes aprendieron mucho más que durante cientos de horas memorizando. Porque es así: La educación es una experiencia como cualquier otra: jamás olvidaremos ese viaje increíble, siempre terminaremos olvidando esa fiesta aburrida… Así como jamás olvidaremos esa clase magistral, pero sí aquel monótono PowerPoint. Y lo único que podemos hacer como alumnos es aprovechar esas oportunidades: Escuchar con toda atención a ese profesor especial. Pero como ciudadanos, debemos dar las gracias a ese profesor. Al que despierta las ganas de aprender en cualquier área. Al que da clase sin cobrar un solo euro por pura vocación. Además, en España los profesores, sean de primaria o catedráticos de renombre, acaban renunciando a sueldos mayores en otras profesiones por educar. No lo desaprovechemos. ¡Muchas gracias, profesor!

Feliz Navidad: El Tribunal Supremo defiende al consumidor de los créditos rápidos.

No será la primera vez (ni la última) que hable de los créditos rápidos y lo perjudiciales que son para cualquier sociedad. Los créditos rápidos son como robos a mano armada: El consumidor de estos productos, ahogado por su falta de recursos financieros, decide buscar alivio en una oferta demasiado atractiva: Dinero rápido y sin preguntas. Con solo dar el Documento Nacional de Identidad, en cuestión de minutos podemos recibir 300 euros. ¿Pero a qué precio? Hagamos el experimento nosotros mismos. Somos esa persona en apuros. Encendemos la televisión en casa mientras cenamos. El informativo da paso a los anuncios, donde observamos un anuncio en el cual nos ofrecen un préstamo de 300 euros completamente gratuito, a devolver en una semana. Evidentemente, una semana no es suficiente, por lo que visitamos la página web y seleccionamos una duración más adecuada: un mes de duración. Al pasar a leer la letra pequeña, la verdad se asoma: La TAE (Tasa Anual Equivalente) asciende a más del 2000%. Alguien debidamente formado en finanzas sabe que esto es una barbaridad, pero para el ciudadano de a pie esto no está tan claro. Con un simple ejemplo de qué ocurriría si invirtiéramos dinero a este porcentaje en vez de pagarlo, descubriremos la realidad.

Durante un segundo, imaginemos que de alguna manera puedo conseguir 2000% de TAE año tras año. En este universo paralelo, me siento con fuerzas para retar a Bill Gates y superar su fortuna invirtiendo solamente mil euros. Veamos el resultado de Juanlu contra Bill Gates y su fortuna de más de 80 mil millones de euros:

Juanlu contra Bill Gates

Lo siento amigo Bill, pero en 7 años igualaría tu fortuna, y en dos años más la mía sería 400 veces más grande que la tuya. De hecho, en solamente 10 años podría comprar el mundo entero tras invertir mil euros a este tipo de interés.

Viendo lo ridículo que es de esta forma, es fácil de entender porque este tipo de créditos son completamente impagables, y menos por gente cuya estabilidad financiera ya se tambalea. Basta ya de usura legal. Por eso esta entrada se titula Feliz Navidad. Por primera vez, el Tribunal Supremo en España ha matizado la ley que dice, citamos a El Mundo:

El Supremo considera que sí se cumplen los requisitos para considerar que infringe la Ley de Represión de la Usura. La norma, dictada en 1908, no pone límites precisos, pero sí fija los requisitos para considerar que un préstamo es leonino: lo será aquel que fije un interés “notablemente superior al normal del dinero» y que sea “manifiestamente desproporcionado con las circunstancias del caso”.

“Esta Sala considera”, dicen los magistrados sobre el caso estudiado, “que una diferencia de esa envergadura entre el TAE fijado en la operación y el interés medio de los préstamos al consumo en la fecha en que fue concertado permite considerar el interés estipulado como ‘notablemente superior al normal del dinero‘”.

Es una pequeña victoria contra la todavía triste realidad que encontramos en nuestro país: Miles de afectados que, llevados por la desesperación, acuden cada año al callejón sin salida de los buitres financieros en fechas como estas. Desde aquí animamos a todas las personas con grandes dificultades financieras que jamás cedan ante este chantaje: Pedir dinero a familiares, amigos, al banco. Agotad las tarjetas de crédito e incluso retrasaros con los pagos de estas tarjetas… Todo ello sigue siendo mucho más barato que la estafa del microcrédito. Si puedes ser más rico que Bill Gates en 7 años recibiendo esos intereses… Serás el más pobre del Universo en el mismo tiempo teniendo que pagarlos. No hay salida, sólo negocio para la empresa.

Si no trabajas para tu futuro… ¿Cómo vas a llegar hasta él?

Cuántas veces nos hemos dicho: Dentro de diez años me gustaría tener esta casa. Este coche. Esta cantidad de ahorros. O cualquier otra cosa que nada tiene que ver con el dinero: Me gustaría pasar más tiempo con esta persona. Tener un animal de compañía. Estar más fuerte, haber aprendido una carrera. Hacer nuevos amigos. Viajar y conocer el mundo. Ver a tus hijos prosperar. Cuidar de un árbol o de todo un jardín. Todo el mundo se propone metas preciosas y tan diferentes como lo es el propio ser humano. Pero muchas veces cometemos el mismo error: Para llegar al futuro de mañana, hay que moverse hoy. Para salir con esa chica o chico que tanto te gusta, tienes que dirigirte a esa persona primero. Para ahorrar para esa casa tan preciosa, el primer euro no se va a ahorrar solo.

El futuro tan genial que todos queremos a largo plazo no se consigue sin superar objetivos a corto plazo. Sin pararse a pensar hoy en lo que queremos mañana y en cómo acercarse a nuestros objetivos. Está muy de moda apuntarse al gimnasio en nochebuena, y está muy poco de moda seguir apuntado al año siguiente. Este post es una llamada a la perseverancia. A pararse un segundo a pensar en lo que queremos en el futuro. A pararse a pensar si lo que estamos haciendo hoy nos acerca hacia el futuro que queremos mañana. Y si no es así, a reflexionar sobre qué objetivos a corto plazo debemos lograr. ¿Queremos ese coche nuevo que vale 10.000€? Pues primero habrá que ahorrar 1.000€… ¿No es así?

Solamente pensando así, tanto en lo económico como en lo personal, podemos seguir trabajando para nuestro futuro, para algún día poder llegar hasta él. Dejar de perder esa hora de Facebook antes de acostarte y cambiarla por una hora de aprender a hacer lo que queramos hacer en el futuro. Dejar de gastar esos 50€ en esa camiseta tan de moda que se perderá en nuestro armario a las dos semanas y dedicar ese dinero al nuevo coche que realmente quieres e incluso necesitas, y que usarás diez años. Dejar de leer “Cómo conquistar a cualquier persona en 5 pasos” y empezar a establecer vínculos y amistades reales que quién sabe como acabarán. Pero no parar de hacerlo. Plantar el árbol es muy fácil. Tener un hijo es muy fácil. Escribir un libro es muy fácil. Lo difícil de verdad es perseverar: Escribir un libro y reescribirlo mil veces para hacer que realmente merezca la pena leerlo. Regar el árbol todos los días, cambiarle la tierra y abonarlo. Quitarle las hojas secas, mantenerlo libre de insectos… Tampoco vale con tener un hijo… Hay que criar a ese hijo, y guiarle todos los días de su vida, incluso hasta cuando faltes. Eso es lo realmente difícil en la vida. Para tener éxito contigo mismo primero hay que empezar, pero después hay que trabajar, trabajar y trabajar.

Si nos preguntamos a día de hoy quienes somos, y porqué estamos aquí, solo hay una respuesta. Somos el resultado del trabajo de nuestro pasado. Solo quien decidió estudiar duro para ser ingeniero hace más de 6 años podría serlo hoy. El que montó en moto desde que pudo andar es el que hoy compite en el mundial de motos. Muchas decisiones que nos llevaron a lo que somos hoy no fueron tomadas por nosotros, pero si puedes leer estas líneas, probablemente seas capaz de tomar las decisiones que dentro de diez años te lleven a ser esa persona que quieres ser. Y a lo mejor fracasas, pero una cosa es segura: si ni siquiera lo intentas no tendrás el placer de tener la oportunidad.

Si no trabajas para tu futuro… ¿Cómo vas a llegar hasta él?

El poder del ahorro

Ted y Robin

Ted y Robin, en un universo paralelo, tenían 25 años cuando empezaron a trabajar. Los dos fueron al mismo colegio y a la misma universidad. Sacaron las mismas notas y entraron a trabajar en empresas similares, con el mismo puesto. Ambos perciben un salario neto de 2000 euros al mes (ignoremos en la entrada de hoy la realidad de la desigualdad entre los salarios de hombres y mujeres en el mundo empresarial), desde el día que empezaron a trabajar hasta la actualidad. Los dos tienen una cuenta de ahorros remunerada al 1,5% anual, con pago de intereses cada mes.

Han pasado 20 años, y hoy ambos tienen 45 años, pero el estilo de vida de Ted es mejor que el estilo de vida de Robin. Mucho mejor. Y Robin se pregunta porqué. Aunque en nuestro microcuento Robin y Ted nunca se conocieron pese a llevar una vida tan similar, lo cierto es que hay una gran diferencia entre Ted y Robin. Ted llevó todos estos años una vida humilde, viviendo por debajo de sus posibilidades. Ted no compró un coche demasiado caro, y en vez de irse a fiestas espectaculares en Ibiza, se iba de cañas con sus amigos, sin negarse algún capricho ocasional pero ciñéndose a un presupuesto estricto. Comía en casa, y de hecho muchos fines de semana invitaba a su familia a reunirse estando él al mando de los fogones. Ted apenas gastaba 800 euros de su sueldo de 2000 euros todos los meses, ahorrando así 1200 cada mes.

Robin sigue un poco frustrada: Ella siempre escuchó a su familia, a sus amigos, leyó libros que la aconsejaban no vivir nunca por encima de sus posibilidades. Y no lo hizo. Todos los meses, Robin ahorraba 400 euros, y se gastaba todo lo demás en vivir una vida feliz. Cada poco tiempo se gastaba un dinero en comprarse un coche mejor, cambiaba comer en casa por ricas cenas por ahí, o por comida a domicilio. Esto se convirtió en su día a día, pero nadie le juzgaba por ello. Podía permitírselo y aun así seguía ahorrando. Su calidad de vida era buena. Pero hoy no se explica como Ted, que lleva con su mismo sueldo trabajando los mismos 20 años, tiene en su cuenta de ahorros 224.827,49 euros más que ella. Los ahorros de Ted le generarán el mes que viene 420 euros por el mero hecho de tenerlos, mientras que Robin apenas recibirá 140 por los suyos cada mes. Y Robin ha tenido mucha suerte en este ejemplo. Veamos que hubiera ocurrido en el caso de que nuestras dos figuras “imaginarias” hubieran invertido sus ahorros de una forma diferente:

Cuenta de ahorros Deuda Española Ibex 35
Ted              337.241,23 €        490.776,41 €    944.386,03 €
Robin              112.413,74 €        163.592,14 €    314.795,34 €
Diferencia              224.827,49 €        327.184,27 €    629.590,69 €

El Ibex 35 con dividendos se ha revalorizado casi un 10% de media anual en los últimos 20 años. La media de la deuda pública española a 10 años se ha situado en el 4,9%. Si Ted y Robin hubieran optado por invertir en el Ibex, Ted sería casi millonario.

La moraleja es que cada persona en su vida va a ganar el dinero que provenga de su trabajo, mas el que genere con su propio capital. Vivimos en un país, España, muy desarrollado, lo cual implica que nuestros sueldos son muy altos con respecto a otros países. Mientras que en los países en vías de desarrollo hay cabida para grandes subidas (porcentuales claro) en los sueldos (en China se han triplicado desde que la gente abandona la miseria en el campo y encuentra trabajos precarios en la ciudad), en España los sueldos no van a incrementarse mucho más en el futuro. Lo que si que puede hacerlo es nuestro capital y sus rendimientos. Y la única forma para el ciudadano de a pie, el que como mucho va a heredar un reloj y un par de miles de euros, de construir su propio capital y poder vivir de sus frutos en una misma vida, es alcanzar cierto nivel de formación para poder realizar un trabajo de forma competitiva y poder aspirar a un sueldo medio, que le permita vivir por debajo de sus posibilidades.

Solo viviendo por debajo de nuestras posibilidades podremos emprender un proyecto empresarial sólido sin depender de costosas medidas de financiación. Solo así se puede tener un colchón económico no sólo sobre el que descansar y respirar tranquilo cuando las cartas nos vengan muy malas, sino tener un capital que genere riqueza. Si ese Ted existiera, y le echasen de su trabajo hoy mismo, habiendo invertido en el Ibex esos 20 años podría sobrevivir el resto de su vida con los frutos de sus ahorros, y sus ahorros ni siquiera desaparecerían. En cambio, si el mismo Ted viviese al día o incluso por encima de sus posibilidades, se encontraría hoy sin trabajo, con deuda y experimentando la definición de una ruina económica. Es una llamada a la reflexión. A tratar de construir algo sostenible si tenemos la posibilidad. Ted no necesitaba ser el más inteligente de la clase, y no tenía porqué tener un sueldo demasiado alto para llegar a acumular cierto nivel de ahorros . De hecho, el salario medio en España fue de unos 2180 euros al mes en 2014, y aunque este pequeño análisis no es real ya que ignora los impuestos, la reflexión está servida.