Acerca de Juan Luis de Mateo

¡Hola! Soy Juan Luis de Mateo, graduado en Administración y Dirección de Empresas y enamorado de la economía y de los mercados. No olvides participar en la sección de los comentarios, y siéntete libre de preguntar todas tus dudas: ¡Este es un espacio para pensar, debatir y aprender!

Si no trabajas para tu futuro… ¿Cómo vas a llegar hasta él?

Cuántas veces nos hemos dicho: Dentro de diez años me gustaría tener esta casa. Este coche. Esta cantidad de ahorros. O cualquier otra cosa que nada tiene que ver con el dinero: Me gustaría pasar más tiempo con esta persona. Tener un animal de compañía. Estar más fuerte, haber aprendido una carrera. Hacer nuevos amigos. Viajar y conocer el mundo. Ver a tus hijos prosperar. Cuidar de un árbol o de todo un jardín. Todo el mundo se propone metas preciosas y tan diferentes como lo es el propio ser humano. Pero muchas veces cometemos el mismo error: Para llegar al futuro de mañana, hay que moverse hoy. Para salir con esa chica o chico que tanto te gusta, tienes que dirigirte a esa persona primero. Para ahorrar para esa casa tan preciosa, el primer euro no se va a ahorrar solo.

El futuro tan genial que todos queremos a largo plazo no se consigue sin superar objetivos a corto plazo. Sin pararse a pensar hoy en lo que queremos mañana y en cómo acercarse a nuestros objetivos. Está muy de moda apuntarse al gimnasio en nochebuena, y está muy poco de moda seguir apuntado al año siguiente. Este post es una llamada a la perseverancia. A pararse un segundo a pensar en lo que queremos en el futuro. A pararse a pensar si lo que estamos haciendo hoy nos acerca hacia el futuro que queremos mañana. Y si no es así, a reflexionar sobre qué objetivos a corto plazo debemos lograr. ¿Queremos ese coche nuevo que vale 10.000€? Pues primero habrá que ahorrar 1.000€… ¿No es así?

Solamente pensando así, tanto en lo económico como en lo personal, podemos seguir trabajando para nuestro futuro, para algún día poder llegar hasta él. Dejar de perder esa hora de Facebook antes de acostarte y cambiarla por una hora de aprender a hacer lo que queramos hacer en el futuro. Dejar de gastar esos 50€ en esa camiseta tan de moda que se perderá en nuestro armario a las dos semanas y dedicar ese dinero al nuevo coche que realmente quieres e incluso necesitas, y que usarás diez años. Dejar de leer «Cómo conquistar a cualquier persona en 5 pasos» y empezar a establecer vínculos y amistades reales que quién sabe como acabarán. Pero no parar de hacerlo. Plantar el árbol es muy fácil. Tener un hijo es muy fácil. Escribir un libro es muy fácil. Lo difícil de verdad es perseverar: Escribir un libro y reescribirlo mil veces para hacer que realmente merezca la pena leerlo. Regar el árbol todos los días, cambiarle la tierra y abonarlo. Quitarle las hojas secas, mantenerlo libre de insectos… Tampoco vale con tener un hijo… Hay que criar a ese hijo, y guiarle todos los días de su vida, incluso hasta cuando faltes. Eso es lo realmente difícil en la vida. Para tener éxito contigo mismo primero hay que empezar, pero después hay que trabajar, trabajar y trabajar.

Si nos preguntamos a día de hoy quienes somos, y porqué estamos aquí, solo hay una respuesta. Somos el resultado del trabajo de nuestro pasado. Solo quien decidió estudiar duro para ser ingeniero hace más de 6 años podría serlo hoy. El que montó en moto desde que pudo andar es el que hoy compite en el mundial de motos. Muchas decisiones que nos llevaron a lo que somos hoy no fueron tomadas por nosotros, pero si puedes leer estas líneas, probablemente seas capaz de tomar las decisiones que dentro de diez años te lleven a ser esa persona que quieres ser. Y a lo mejor fracasas, pero una cosa es segura: si ni siquiera lo intentas no tendrás el placer de tener la oportunidad.

Si no trabajas para tu futuro… ¿Cómo vas a llegar hasta él?

El poder del ahorro

Ted y Robin

Ted y Robin, en un universo paralelo, tenían 25 años cuando empezaron a trabajar. Los dos fueron al mismo colegio y a la misma universidad. Sacaron las mismas notas y entraron a trabajar en empresas similares, con el mismo puesto. Ambos perciben un salario neto de 2000 euros al mes (ignoremos en la entrada de hoy la realidad de la desigualdad entre los salarios de hombres y mujeres en el mundo empresarial), desde el día que empezaron a trabajar hasta la actualidad. Los dos tienen una cuenta de ahorros remunerada al 1,5% anual, con pago de intereses cada mes.

Han pasado 20 años, y hoy ambos tienen 45 años, pero el estilo de vida de Ted es mejor que el estilo de vida de Robin. Mucho mejor. Y Robin se pregunta porqué. Aunque en nuestro microcuento Robin y Ted nunca se conocieron pese a llevar una vida tan similar, lo cierto es que hay una gran diferencia entre Ted y Robin. Ted llevó todos estos años una vida humilde, viviendo por debajo de sus posibilidades. Ted no compró un coche demasiado caro, y en vez de irse a fiestas espectaculares en Ibiza, se iba de cañas con sus amigos, sin negarse algún capricho ocasional pero ciñéndose a un presupuesto estricto. Comía en casa, y de hecho muchos fines de semana invitaba a su familia a reunirse estando él al mando de los fogones. Ted apenas gastaba 800 euros de su sueldo de 2000 euros todos los meses, ahorrando así 1200 cada mes.

Robin sigue un poco frustrada: Ella siempre escuchó a su familia, a sus amigos, leyó libros que la aconsejaban no vivir nunca por encima de sus posibilidades. Y no lo hizo. Todos los meses, Robin ahorraba 400 euros, y se gastaba todo lo demás en vivir una vida feliz. Cada poco tiempo se gastaba un dinero en comprarse un coche mejor, cambiaba comer en casa por ricas cenas por ahí, o por comida a domicilio. Esto se convirtió en su día a día, pero nadie le juzgaba por ello. Podía permitírselo y aun así seguía ahorrando. Su calidad de vida era buena. Pero hoy no se explica como Ted, que lleva con su mismo sueldo trabajando los mismos 20 años, tiene en su cuenta de ahorros 224.827,49 euros más que ella. Los ahorros de Ted le generarán el mes que viene 420 euros por el mero hecho de tenerlos, mientras que Robin apenas recibirá 140 por los suyos cada mes. Y Robin ha tenido mucha suerte en este ejemplo. Veamos que hubiera ocurrido en el caso de que nuestras dos figuras «imaginarias» hubieran invertido sus ahorros de una forma diferente:

Cuenta de ahorros Deuda Española Ibex 35
Ted              337.241,23 €        490.776,41 €    944.386,03 €
Robin              112.413,74 €        163.592,14 €    314.795,34 €
Diferencia              224.827,49 €        327.184,27 €    629.590,69 €

El Ibex 35 con dividendos se ha revalorizado casi un 10% de media anual en los últimos 20 años. La media de la deuda pública española a 10 años se ha situado en el 4,9%. Si Ted y Robin hubieran optado por invertir en el Ibex, Ted sería casi millonario.

La moraleja es que cada persona en su vida va a ganar el dinero que provenga de su trabajo, mas el que genere con su propio capital. Vivimos en un país, España, muy desarrollado, lo cual implica que nuestros sueldos son muy altos con respecto a otros países. Mientras que en los países en vías de desarrollo hay cabida para grandes subidas (porcentuales claro) en los sueldos (en China se han triplicado desde que la gente abandona la miseria en el campo y encuentra trabajos precarios en la ciudad), en España los sueldos no van a incrementarse mucho más en el futuro. Lo que si que puede hacerlo es nuestro capital y sus rendimientos. Y la única forma para el ciudadano de a pie, el que como mucho va a heredar un reloj y un par de miles de euros, de construir su propio capital y poder vivir de sus frutos en una misma vida, es alcanzar cierto nivel de formación para poder realizar un trabajo de forma competitiva y poder aspirar a un sueldo medio, que le permita vivir por debajo de sus posibilidades.

Solo viviendo por debajo de nuestras posibilidades podremos emprender un proyecto empresarial sólido sin depender de costosas medidas de financiación. Solo así se puede tener un colchón económico no sólo sobre el que descansar y respirar tranquilo cuando las cartas nos vengan muy malas, sino tener un capital que genere riqueza. Si ese Ted existiera, y le echasen de su trabajo hoy mismo, habiendo invertido en el Ibex esos 20 años podría sobrevivir el resto de su vida con los frutos de sus ahorros, y sus ahorros ni siquiera desaparecerían. En cambio, si el mismo Ted viviese al día o incluso por encima de sus posibilidades, se encontraría hoy sin trabajo, con deuda y experimentando la definición de una ruina económica. Es una llamada a la reflexión. A tratar de construir algo sostenible si tenemos la posibilidad. Ted no necesitaba ser el más inteligente de la clase, y no tenía porqué tener un sueldo demasiado alto para llegar a acumular cierto nivel de ahorros . De hecho, el salario medio en España fue de unos 2180 euros al mes en 2014, y aunque este pequeño análisis no es real ya que ignora los impuestos, la reflexión está servida.

Seguridad estadounidense en tu móvil: AMBER Alerts

Eran poco más de las seis y media de la mañana en mi habitación en Berkeley, California. Me había levantado hace apenas un par de minutos cuando mi iPhone hizo un sonido de alerta que jamás en mi vida había escuchado antes. Sobresaltado, y con cierta incertidumbre en el cuerpo, miré la pantalla de mi teléfono: AMBER Alert: Niña desaparecida en San Mateo, California. Coche matrícula A de color B y matrícula C. Yo no me había registrado nunca en ningún servicio de alertas. No recordaba ninguna App que se llamase AMBER Alerts.

Por la tarde, decidí ponerme a investigar, y me llevo esta agradable sorpresa tecnológica. Las empresas de telecomunicaciones estadounidenses se ofrecen de forma voluntaria a avisar a toda la población que pueda estar interesada o implicada en tres tipos de acciones: Mensajes del presidente de los Estados Unidos, alerta inminente, y AMBER Alerts. AMBER Alerts es el servicio de alertas estadounidense para niños desaparecidos. Tras investigar un poco más, di con unas cuantas cifras en la página de historias con final feliz de este programa.

Sin duda una gran aplicación de la tecnología moderna a nuestras vidas diarias. Pensar que solo en EEUU se han salvado potencialmente más de 700 vidas de niños de potenciales finales grotescos es un triunfo para las miles de familias afectadas y por lo tanto para toda su sociedad. Pienso que un servicio así debería ser implantado no solo en España o en la Unión Europea sino en cualquier país que tenga la capacidad de desarrollar un programa de estas características. Hoy fue esta niña que por cierto ya fue encontrada, pero mañana podría ser una alerta sobre un asalto a mano armada, o una catástrofe medioambiental, o cualquier otro incidente que pudiese afectar directamente al funcionamiento normal de las vidas de los ciudadanos. Sin duda un programa a elogiar y un gran ejemplo de éxito mostrando cómo la tecnología nos ayuda en el día a día… ¡Algo que Economía Dinero está especialmente interesado en mostrar a todos sus lectores!

Manual del banquero: Cómo exprimir al cliente con una hipoteca

Usted es un hombre o mujer con un trabajo estable. Tiene una pareja, unos cuantos ahorros, y muchísimas ganas de comenzar una vida nueva juntos: Comprar una casa y formar una nueva familia. ¡Excelente! Para ello, bastará con una pequeña ayuda del banco de 100.000 euros. El banquero le sonríe al entrar en la oficina, estás son las condiciones: A pagar en 20 años, un interés del 8% anual con una cuota mensual de solamente 836,44€. Encantados, su pareja y usted firman, compran el inmueble y empiezan a pensar en una mudanza. 836 euros y unos céntimos no son nada. Prácticamente son 850€ al mes, a restar de dos buenos sueldos estables. Pero no lo son. Son 836,44€, y esa diferencia de 13,56€ mensuales le va a costar un dinero. Aproximadamente unos 4.518 euros más que si hubiera pagado 850€ al mes. Si hubiera pagado esos 13 euros y medio más al mes, su préstamo hubiera terminado 9 meses antes. Devolvería al banco un total de 196.227,67€ al banco en vez de 200.745,62€. Es un hecho: En el momento que usted ha firmado, su banquero de confianza acaba de exprimirle… ¡en cómodos plazos!

Cada mes que pasa, la deuda que un cliente tiene contraída con el banco aumenta, debido a que cada mes, los intereses se acumulan. Con una cuota mensual, los primeros años de la vida del préstamo cada mes el cliente pagará al banco una cuota que prácticamente solo cubre los intereses del préstamo y no el capital principal. En el ejemplo anterior, de los 836,44 de la cuota mensual, 666,67€ se dedican a pagar los intereses. La deuda con el banco baja de 100.000 euros hasta 99.830,23€. El cliente ha reducido la deuda con su banco menos de 170 euros.

¿Cómo puede defenderse el cliente de ésta practica tan extendida? El mejor consejo es negociar con el banco la posibilidad de amortizar principal sin comisiones adicionales. En el contexto actual de tipos bajos, los bancos compiten ferozmente por otorgar mejores condiciones en la letra pequeña. Si al final de un año el cliente ha ahorrado cierto capital, podrá dedicarlo así a amortizar su deuda con el banco pagando el principal, reduciendo de esta forma los intereses totales que pagará a lo largo de la vida del préstamo. Si existen comisiones por cancelación anticipada, lo mejor será calcular si compensa amortizar el préstamo pese a ésta comisión. Existen muchas herramientas en línea que permiten calcular estas transacciones. Y si no, siempre podrá dirigirse a su banquero de confianza: Después de todo, el hecho de quieran maximizar su beneficio tampoco significa que quieran engañarnos vilmente. ¡En la mayoría de los casos!

La siguiente crisis española ¿las pensiones?

Queridos lectores: El siguiente post es solo una opinión. El futuro de las finanzas es tan poco predecible como el futuro de las personas. Lo único cierto es el presente, y hasta éste tiene sus distorsiones y sus infinitas interpretaciones. Quería dejar esto claro porque lo que viene a continuación se basa en la especulación personal y sin un análisis riguroso de situaciones similares o casos pasados… principalmente porque no existe situación similar a la actual en España. A diferencia de otros artículos más descriptivos, este post es pura discusión: ¡No olvides dejar tu comentario si no estás de acuerdo!

Los datos si que están ahí: La hucha de las pensiones invierte el 100% de sus activos en deuda pública española (Ver publicación de El País). Y cada año esta hucha es menor. Si ahorramos unos 82.520 millones de euros durante las vacas gordas, ya nos quedan menos de 40.000 millones de euros que gastar en próximos improvistos. Una situación poco sostenible si se tiene en cuenta que la pirámide de población española está condenada al envejecimiento (tiene forma de «tonel» para aquellos que estudiaron geografía en el colegio) dentro de menos años de los que nos gustaría.

Pero lo peor podría estar por llegar. La crisis griega abre las puertas a la tormenta financiera en Europa, y aunque el efecto contagio no sería tan tremendo como en 2012 (ningún lector olvidará como tuvimos el agua al cuello), a España no le viene bien someterse a estrés en el mercado de deuda. Porque aunque estemos creciendo previsiblemente más del 3% y liderando el crecimiento del viejo continente, la deuda española no ha disminuido. No ha habido superávit. No ha habido pago del principal, solo intereses. La deuda española no ha bajado, el principal solo ha aumentado. Y un fuerte golpe a los países periféricos puede ponernos al límite en caso de caos (palabra griega donde las haya macroeconómico: China se tambalea y puede afectar al mundo entero. La fortaleza del euro se pone en cuestión desde todos los ángulos.

Con todo lo dicho anteriormente, entre la demografía, la nula diversificación de la inversión de la hucha de las pensiones (y su inevitable tendencia a la baja) y las tensiones políticas que surgen a raíz de la nueva configuración del mapa político español, desde este blog parece imposible pensar  que no vayamos a atravesar un periodo de crisis basado en el peligro asociado al actual sistema de pensiones. Sobretodo en el caso de que la tormenta financiera vuelva a arreciar con fuerza en los mercados de deuda. Ojalá la economía en su ciclo expansivo sea capaz de hacer frente a todas las inminentes desavenencias que se ciernen sobre el futuro de nuestro sistema económico.